Acerca de mí

lunes, 17 de mayo de 2010

Traten de entender por qué tanto ballet


Tuve que dejar..... menos de diez años,calle Primera Junta 3650,una pelirroja cruzaba o iba en el tranvía 6 por el medio de la Avenida Freyre a tomar clases de ballet con la Profesora Chabela Reynares y luego Lina Petrullo.Una sola vez al Teatro Municipal.Luego el dinero no daba para zapatillas de raso y los vestidos. Desaté las cintas de seda , colgué el tutú en mis recuerdos y paso horas mirando ballet.Pueden ir a Facebook en mi perfil y debe haber 100 videos porque no sé adónde ponerlos, digo,un lugar menos público que no uso nada más que para eso, hasta que alguien venga y me enseñe o yo pague para que me diga como tener en forma privada mis amados videos.Yo soy la que está parada a la izquierda o la derecha , a ver, vista de frente soy la de la derecha cualquier duda el nombre está abrriba; la otra es la doctora Ana María Francioni, a las tres de abajo ni las registro,que me perdonen.

Mis cuentos: Cuentos hiperbreves: El instante y la puerta

EL INSTANTE


Su abuela le había contado cómo sería la humanidad.
Era una tarde ardiente y estaban sentadas en la copa de un árbol frondoso mientras un hombre y una mujer desnudos resplandecían de amor y comían una manzana.
A partir de hoy -dijo su abuela que tenía poderes sobrenaturales - nada será igual.
Y desapareció en un suspiro.
La tierra se abrió cuando el hombre y la mujer se amaron.
Sólo entonces la niña comprendió la intensidad del instante.
Silvia Braun

LA PUERTA
La habitación era perfecta.
El hombre miraba el horizonte y escuchaba a Mälher.
La mujer tenía los ojos cerrados y guardaba un obstinado silencio.
La noche entró como un gato sombrío en el momento exacto en que ella pensó si él la estaría mirando o si podría escuchar lo que en su silencio le decía.
Sólo oyó el ruido de la puerta al cerrarse.

Silvia Braun

domingo, 16 de mayo de 2010

Astor Piazzolla. Oblivion.

viernes, 14 de mayo de 2010

Mis cuentos: El muro

EL MURO

















Lo buscaron.

Con una avidez de lobos hambrientos cortaron los dorados trigales.

Avanzaron.

Se sentía en el aire el zumbido neutral de los insectos. Las miradas escrutaban el ocaso, interrogaban los rincones, los huecos, los pozos.

No lo hallaron.

Pasaron a su lado, lo rozaron con las pieles sudorosas y el aliento.

No lo vieron.

No podían verlo.

Pero él, estaba allí, justo en el claro que dejaba la maleza. Había abandonado el tiempo o, tal vez, fuera a la inversa, el tiempo era el que lo había abandonado después de haber presentido su naturaleza hecha de sólidas tristezas, mezcla del surco de la tierra cuando ha sido excesivamente trabajada y de la fugacidad de los pájaros en vuelo.Su destino de búsqueda controlaba sus serenos pasos y lo mantenía en un justo equilibrio.

Se había asomado al escabroso muro de lo humano con la actitud de un observador atento. Mirando hacia adentro, había visto ( hay ojos que ven pero no miran y a la inversa, es sutil la diferencia, pero existe).

Después, se fue deslizando lentamente hacia la tierra. Sintió mientras caía, el desgarramiento de la piel, vio las heridas sangrantes de sus manos mientras descendían por el abrupto muro, palpando por entero su contorno.

Cuando sintió el peso de su cuerpo, se dio cuenta de que estaba allí, justo en el claro. Se tocó el rostro con las manos y no necesitó de reflejo alguno para saber que no era el mismo.

Nadie es igual, después de haber visto - se dijo -.

Y fue en ese instante cuando presintió en el aire, el olor inconfundible de la búsqueda. Vio el acero cortando los trigales, vio los rostros sudorosos, la avidez.

Permaneció quieto, en un silencioso respeto.

Pasaron a su lado.

No lo vieron.

Ni a él, ni al muro.

Silvia Braun

viernes, 7 de mayo de 2010

Mis esculturas:Naciendo

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Mis esculturas:Naciendo

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Mis esculturas:Naciendo

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Mis pinturas:Mujeres con aros

Mis videos amados: Esta variación es para mí,la más perfecta.Paolla - Esmeralda

Mis videos amados:María Kochetkova

jueves, 6 de mayo de 2010

Mis esculturas: Escondo mi niño

Mis esculturas: Edipo

Notitas cotidianas: Con papa o con cebolla


¿Con papa o con cebolla? pregunta la mujer. El marido, lee la carta, la cierra, la abre y ella repite: con papa o con cebolla. Mixto sin lechuga pero con tomate. Se nota que se entienden.

Pido otra cerveza. Unica manera de escribirte. Sin él, sin nadie; perdida entre mantelitos multicolores, hombres y mujeres, niños que corren y gritan, no sé la hora, ni la fecha, sé que es viernes primera quincena.

Un recorte que he guardado  informa que" el Icaro  se acerca a la Tierra "y que en el 2008 nos hará mierda. Estamos en 2010 y nada ha pasado,pero si así hubiera sucedido ,genial, habría recogido:
la peluca de Menen para entregársela al diablo, la estupidez de Belén Francese, juntaría los trozos de Mauro Viale para adorarlo porque con él, he podido dormir la siesta; recogería los pedazos de "Show Match" o de " "Hola Susana" "La noche del domingo" y haría  una unidad perfecta para solicitar a los santos que no le den una segunda oportunidad sobre la tierra, juntaría la corrupción y la injusticia y les pondría una corona de ortigas, buscaría a mi hija en el caos y la pondría en el vértice de una estrella, buscaría a mi madre y le haría un juicio por haberme traído al mundo sin mi consentimiento, buscaría a mi padre desconocido para conocerlo, haría una lista por orden alfabético de todas aquellas personas a las cuales tengo que decirles "gracias", cortaría en pedacitos la estampita de primera comunión que dice en el reverso: "Señor, haz de mí un instrumento de tu paz", rasgaría las vestiduras con mis uñas, escucharía el ruido metálico de las pulseras que rodean mi muñeca, caería de rodillas ante la Santa Inquisición y pediría el perdón de los pecados que nunca cometí y me absolverían, irónicamente, por todos los que sí, cometí.

Recojo la incertidumbre mientras en la mesa vecina, la pareja de ancianos  devuelve al mozo un sandwich de papa con cebolla .                                                                                                   Silvia Braun

miércoles, 5 de mayo de 2010

Mis esculturas:Niña tan triste



Era tan bella y desolada...quién sabe por qué razón,pero se rompió.No la olvidaré...era trémula,pequeña,y tan pero tan triste.

Mi poesía: 22


Poesía 22

Degollé la palabra

Con un fusil de cuarzo.

En la noche de fuego

Rompí con el viento de marzo

Y el otoño.

Miré por la ventana.

Mi cuerpo tatuado

Se balanceaba

Entre dos pájaros

En la indecisa luz

De tu abrazo.
                                                     

Mis pinturas: Ardienteisadora


lunes, 3 de mayo de 2010

Mis pinturas: Mujer sol


domingo, 2 de mayo de 2010

Mis pinturas: Secreta mujer

Pintado con pastel seco, barritas de amor y a puro pulso y tacto salen las luces y las sombras, y esta mujer tan sola .
Este cuadro ha sido elegido por la Psicóloga Franca Tiberi para colgar en su consultorio. Espero que Freud la perdone y los pacientes también. Silvia Braun

Mis pinturas:Transparencias

Supongo que ocultan algo, así somos, hay algo que nunca diremos a nadie y lo cubriremos con secretas transparencias.

Mis pinturas: Miradas


sábado, 1 de mayo de 2010

Cuento: La palabra



LA PALABRA


Cuando le quedaron sólo los gestos, se tiñó el pelo de verde.
Un día amaneció sin manos. En su lugar dos enormes muñones enrojecidos señalaban las cosas.
Ella pensó que había llegado la hora del silencio definitivo.
Y lloró.
Fue hasta el espejo que siempre le revelaba la historia, pero estaba empañado pese al aire fresco que entraba por las ventanas cerradas.
Las abrió y el aire se fue en forma de paloma.
Le alcanzó a ver el color: era verde. Verde como su pelo, como los ojos, como la piel. Se había teñido desde hacía mucho tiempo, en una laboriosa y lentísima tarea para evitar la penosa impresión de no ser vista.
Soy como soy, había dicho y nadie la había escuchado. Por eso y por el color del pelo, se pensó que estaba loca.
Nadie salió en su defensa.
Salvo ella misma.
Esgrimió la palabra como única salvación posible, eligió el diálogo y no el monólogo, pero las palabras caían, se estrellaban, descendían por el laberinto de la incomprensión convertidas en minúsculas partículas de choque, se quebraban y se mojaban con su llanto.
Nunca se supo muy bien por cuanto tiempo esgrimió la palabra.
Se cree que fue en la época de la cosecha porque el pelo, antes de que se lo pintara de verde, se había llenado de hebras blancas, la piel se le había arrugado pero no tanto por el paso del tiempo como por haber permanecido bajo el agua. Destino de pez o de sirena, la verdad, nadie lo supo.
Así anduvo, mitad hembra, mitad escama. Creaba, imaginaba palabras, las pintó, las esculpió y las escribió, las habló, las contó y el milagro de ser entendida nunca llegó.
Muerta de pena las tiró al mar y vio como el agua las llevaba, y entonces emitió por única vez un alarido desgarrador.
Quiso recuperarlas para volverlas a esgrimir, pero el mar en su destino de agua se las había llevado para siempre.
Fue entonces cuando pensó en los gestos. Podían muy bien llenar el vacío de las palabras.
Si antes, no habían podido escucharla, ahora ni siquiera la miraban.
Quiso arrancarse los ojos para no ver lo que le pasaba. Fue cuando se tiñó de verde. Seguro, ahora sí la mirarían, sería por el color pero tal vez pudieran ver sus ademanes de mujer nacida para la ternura.
Caminó descalza, envuelta en su túnica blanca, los pies se le hicieron dos enormes grietas de cansancio, los ojos eran dos súplicas sin retorno.
Fue en un amanecer.
Con un pájaro muerto en la boca para ahogar lo único que le quedaba que era el grito, tomó una rama y se cortó las manos. Con las plumas cerró las heridas y así anduvo con sus muñones hasta que un día volvió al mar para reclamarle las palabras, quería que se las devolviera ahora que se había quedado sin gestos.
La vieron pasar hacia la playa lejana.
Dejaba su rastro de escamas, su perfume de heliotropos.
A medida que se alejaba, la túnica se hacía más y más transparente hasta que al final la vieron desnuda, con el pelo verde hasta la cintura.
Nadie dijo nada.
Al día siguiente la encontraron boca abajo.
En la arena húmeda por el rocío de la noche, los muñones habían escrito la palabra.

Silvia Braun

Cuento: Esa mujer






ESA MUJER
De Silvia Braun para Silvia Braun
Ella, está ahí.
Yo, en cambio, estoy en la cima del mundo en una actitud contemplativa y serena. Al temperamento furioso que me acompañó toda la vida, esta mujer que se mueve suavemente, que mira a través de todas las ventanas el escenario del mundo, me sorprende. Esta mujer que besa la frente de un cadáver y minutos después entra a la peluquería, esta mujer que se consume en deseos inconfesables, que lo admite todo, que lo entiende todo, la verdad es que me sorprende. Parece que continuamente viviera con una doble que además de ser yo misma es a la vez una real desconocida que se sienta a conversar conmigo, que comparte mi cama, bebe de mi copa, es una sombra de mí misma que me a-sombra. ¿Quién es quién? ¿Ella o yo? Ella siente y vive y se ríe a carcajadas de mí, que amordazo todo lo que siento y lloro ante su mirada impasible y no es capaz de consolarme ,sino que se queda ahí, quieta, con una mirada inquisitiva, irónica, mordaz.
Ella es capaz de todo, yo no.
La veo desnuda sobre un campo de ortigas, inmutable; veo sus senos y el cerco luminoso de sus pezones rosados; veo su pubis que no es angelical, veo las columnas indecentes de sus muslos abiertos, veo la curva de su espalda, la sinuosa colina de sus nalgas, veo la largura de sus piernas, el arco de sus pies y sus uñas de nácar, pero lo peor, lo que más me desconcierta es que vive todo lo que piensa y siente.
La vi en una tarde de lluvia, en plena calle San Martín, a la hora del crepúsculo, se había rapado la cabeza y era visible su cuello de mármol, los ojos eran dos mantos azules, la boca roja desdibujaba el trazo originario y parecía una mueca imitando una sonrisa. Lo que me sorprendió es que de sus manos colgaban dos cadenas y se movía entre la gente con una naturalidad tan asombrosa que nadie la miraba a pesar de estar desnuda.
Después descubrí que era ella la que impedía la mirada de los otros porque poseía una libertad tan ilimitada que la frontera era un horizonte que se perdía en el instante preciso en que uno no puede saber si es el inicio del cielo o del infierno que, por otra parte, para ella eran sinónimos.
Tiene una locura tan normal, que nada la sorprende. Aparta con una sonrisa todo aquello que le molesta, guarda su tiempo en una caja de vidrio y lo comparte o lo pierde con quien y como quiere.
A veces se abstrae de todo y entonces se me parece. Es cuando queda quieta, tan quieta, que puede pensarse que está muerta. Hace una curva con el cuerpo, junta las rodillas con el pecho y su desnudez desaparece y sólo es visible su tristeza. Lo advierto porque llora y lo hace tan suavemente, que del ángulo azul de su ojo nace una línea traslúcida y acuosa que en nada se asemeja a una lágrima, pero yo sé que lo es. Para entonces, escucha voces humanas que unidas en un coro cantan la tristeza del mundo. Creo que es esto lo que la conmueve, lo que la lastima. Entonces hace un esfuerzo, se levanta y observa el límite del universo a través de la ventana. Después me mira y me dice todo lo que no soy capaz de vivir aunque sí, de sentir, pero que nunca me perdonará la diferencia.
Ella es la loca, yo la normal; ella vive, yo siento.
A veces me abraza y al unirnos, el ojo de una lechuza nos ilumina, me toca el pelo, me besa los ojos, la boca; sus manos se detienen apenas en la curvatura de mis hombros; sus ojos inciertos bajan hasta mis pechos. Entonces la aparto suavemente para que no me ame, para que no me bese, para que no me toque, para que no me saque de mi apariencia de muerta. Dejo de escuchar la tristeza del mundo, me alejo de la ventana que marca la frontera porque sé que ella está afuera, desnuda, expuesta, puedo verla con los ojos cerrados, y escuchar su carcajada de loca y no sé si quiero salir, seguramente tengo miedo de que se caiga la máscara que oculta mi tragedia y atraviese el aire que me asfixia y la encuentre a ella, ahí afuera, muriéndose de risa.

Mis esculturas: Mujer árbol





Mis pinturas: Frida Kahlo/Camille Claudel e Isadora Duncan



















Frida nació en Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, el 6 de julio del 1907.Murió en Coyoacán el 13 de julio de 1954.
Las últimas palabras en su diario fueron: "Espero alegre la salida y espero no volver jamás".
Frida y Camille Claudel se transformaron en una obsesión de cejas y miradas que se escondían bajo mi lápiz de grafito,mis pasteles y pinceles.
El día qie logré la tristeza de Camille,lloré.
Y de repente se cruzó el chal de Isadora Duncan.
Era invierno.
Corría el 2008.
Y pude hacerlo a la manera del instinto y el amor.

Cada una de ellas con vidas excepcionales desde la inteligencia hasta la pasión y el desenfreno.
Claudel amando a Rodin y terminando sus días en un manicomio,Isadora bailando en el aire atrapada en su chal.
Para ellas mi amor.

Poesía: El erotismo y sus misterios

EL EROTISMO Y SUS MISTERIOS


"Respiras agitado. Soportas, aguantas el siguiente..
gracias,
gracias

Sudas, transpiras, sin tiempo a pensar,
Otro… otro.

Tu animal humillado, tu animal orgulloso saliendo por tu piel.

Exultante, casi ofensivo.

Mi delirio en una mirada que no ves, que sientes.

Duelen, duelen los azotes, duele tu orgullo.

No hay súplica, continúo y azoto… más más

Espaciados, fuertes, flojos, insinuantes, rápidos y certeros

… no suplicarás? No caerá la moneda?

Da igual, todo se vence.

Soportas, no sabes si lo deseo pero aguantas. Te cuesta, te cuesta.

silencio, la quietud. Mis labios bebiendo de la copa

y de repente sobre la piel azotada… frío y dulce… mis labios

Un beso… y el sonido de una moneda en el suelo. "
Poeta y escritora LIŠKA (España)
Publicado por Juan Carlos Céspedes (Siddartha) en 14:29 0




Mi poesía:10

Poesía 10


Digo brillo
Y amanece un violín sobre mi cuello
Digo sombra
Y se retuerce
Un enjambre de palomas
Digo tambor
Y encuentro la palabra
Digo címbalo
Y recuerdo el muelle
De tu espalda
Digo nostalgia
Y
Empiezo a recordarme.

Silvia Braun

Cuento: Epidídimo

No me lo aguanto. No entiende que ya no puede engañarme. Qué hace ahí tendido leyendo mis originales como si fuera lo más interesante que le pueda estar ocurriendo en estos momentos. Sé que no le importa, pero él necesita que yo crea que sí, que ese texto que finge leer es vital para su espíritu por el amor que me tiene.



Pero ahora sé, ahora veo.

Lo único vital es que yo suponga que lo lee, porque le convengo.

Preguntarme el significado de una palabra que ni siquiera figuró en mi cabeza es lo peor que pudo pasar entre nosotros. Epidídimo. Juro por los santos evangelios en los que no creo que ignoraba esa palabra. De manera que, mientras él sigue la trama de mi novela yo busco qué significa epidídimo.

Y sé que esto se acaba y para siempre.

¿Qué hago yo al lado de él? Simple: ver de qué manera mover las piezas de este juego morboso como para no salir tan dañada. ¿Dañada? ¿Por qué? Por culpa de los radioteatros, por culpa de lo que el viento se llevó pero nunca me devolvió nada de lo que se llevó, por las lágrimas derramadas en algo para recordar…¿recordar qué por Dios, qué?, pero yo lloraba igual mientras masticaba chicle o caramelos alpinos. Y creía que la vida eran esos besos de Debora Kerr y Gary Cooper o quien fuere. La inocencia y la frescura de mis sentimientos funcionaron en mi contra. ¿Por qué le creí cuando me dio aquel ramito de fresias? Cómo no asocié que justo esa mañana tenía que salirle de garantía para un préstamo que aún me debe?. No podía saberlo porque su gesto, su manera de mirarme eran los de alguien que ama más allá de la vida y la muerte. El abrazo de las fresias selló la deuda y mi condena. Todavía estoy pagando por eso. A partir de ahí algo amenazante se instaló en mi hipotálamo. Cada vez que amanecía en él un gesto de espontáneo amor mi cabeza entraba a asociar. Era casi una cuestión matemática, cada estrategia amorosa iba precedida o antecedida por una demanda que sólo yo podía satisfacer. No quería ver como era él. Me era más divertido vivir con lo que imaginaba que era. Y lo extraño es que él se movía en la vida en el sentido exacto de mi imaginación. Cuando advertía en mi mirada un destello de desconfianza actuaba de inmediato y con tal seguridad que la que se sentía insegura era yo y entraba a replantear mi manera de pensar, porque cómo podía ser tan injusta en suponer tal o cual cosa de un ser tan pero tan extraordinario como él. ¿O no lo era cuando me abrazaba en el punto de la angustia que uno tiene a veces? Tenía un radar para adivinar cuándo estaba hecha pedazos. Y no le importaban las razones, quería demostrarme que él podía con esa angustia, que por el sólo hecho de estar ahí, yo recobraba mi paz y mi cabeza. Se equivocó. Mi cabeza empezó a funcionar un día cualquiera empujada por fortísimas intuiciones. Me di cuenta de que para obtener la satisfacción de sus necesidades me decía todo lo que esperaba que alguien me dijera .Intentaré ser clara. Si un borrador no estaba muy bien me decía: ¡querida, esto es perfecto! y yo sabía perfectamente que no era perfecto. Y me seducía con las largas y entretenidas polémicas sobre el tema e incluso aportaba ideas para que pudiera mejorar el texto. ¡Yo era tan feliz! Porque no hay nada que me dé más placer en este mundo que todo lo que se relacione con el arte en cualquiera de sus manifestaciones. Hasta que le descubrí haciendo palabras cruzadas, es decir, él estaba echado en la cama con un almohadón, tenía abierto entre sus manos un original de 700 páginas que había terminado la noche anterior y que debía corregir. Marcaba y hacía anotaciones. Desde la ventana veía la excesiva atención con que leía el texto. Me dije que era injusta y desconsiderada con alguien que dispensaba su tiempo en leerme. Fue cuando me preguntó qué significaba epidídimo y ahí caí en la cuenta de que no me estaba leyendo. Miré el campo reverdecido y decidí esperar. Mientras lo hacía, empecé a asociar las incontables veces en que mis borradores pasaban por sus manos y me devolvía una crítica superficial, incluso hubo veces en que caía en contradicciones tales que me hacía suponer que no había leído nada o se le había confundido algo en la cabeza. Empecé a atar cabos y me di cuenta de que jamás me había leído y que cuando hablábamos de mis novelas sus deducciones surgían de las charlas y no de la lectura.

Ese fue un golpe mortal para mí.

Querida –dijo-esta novela es sencillamente maravillosa. No hay nada que tocar. Estoy tan orgulloso de vos. ¿Pero, no sabes qué quiere decir epidídimo?

Órgano con aspecto de madeja u ovillo situado sobre cada uno de los testículos y constituido por la reunión de los vasos seminíferos, contesté.

¡Querida, sólo vos podés crear un personaje que utilice esa palabra, sos, sencillamente maravillosa!

Silvia Braun